que con nadie tienen piedad (?)

Se tratará de abordar todo lo que sea abordable; desde la repugnancia partidista hasta el deseo de la piel.

Bis-centenario.

Mucho se ha dicho de la celebración del bicentenario de la independencia chilena, y no es para menos, si consideramos las circunstancias trágicas que lo preceden y han caracterizado: terremoto, mineros atrapados, huelga de hambre mapuche.

La sensación bordea lo metafísico. Las circunstancias ya no nos parecen irrisorias, si no constitutivas del paisaje que es nuestra identidad. En los arreboles de la segunda centuria de vida republicana, Chile tiene en el ambiente flotando esa sensación de “chiste repetido”.

La identidad de la tierra que habitamos se hizo un espacio ante el desenfreno, la chicha, las empanadas, la cueca, la cumbia y la ranchera para recordarnos algunas cosas que todos los chilenos deberíamos saber sobre Chile. Bajo nuestros pies la roca no descansa. El terremoto del 27 de febrero hizo viajar a nuestros abuelos a los sismos que marcaron sus juventudes y les generó recuerdos futuros a miles de niños que cuando sean abuelos revivirán lo sucedido una noche de verano, el año del bicentenario. Mitos familiares, el dolor por las pérdidas, formas de hacer y de decir que se anquilosarán en los afectados y en los espectadores. Niños y jóvenes habremos aprendido ese 27 de febrero qué es “lo chileno”.

Y así pasarán los días y temblará incluso cuando Sebastián Piñera jurase su lealtad al cargo de Presidente de la República. Chamánicos de izquierda verán en las caras de los ilustres convidados a tan solemne ceremonia una aterrada premonición. Nosotros no. Mas, esto no significa que la calamidad se alejara de éstas tierras.

En 1904 un hombre menudo, de ropajes sencillos, pero misteriosamente distinguido observaría su pueblo y su gente montarse día tras día  en un carro repleto de carbón. Baldomero Lillo, por medio de “Subterra” mostraría las dos caras del precario desarrollo que traería la minería en su Lota de infancia. La opulencia y la precarización, la bonanza y el riesgo. El realismo social de su prosa marcaría una época. Al igual que hoy, en los albores de una nueva centuria, Chile sabría de qué se trata Chile. Más de 100 años después, somos todos testigos de cómo día tras días hombres extraen, a cientos de metros de profundidad, y a riesgo de sus vidas, tesoros que nunca verán brillar.

Decir que el “conflicto mapuche” viene a engrosar las calamidades ya acaecidas es irrisorio. La violencia como medio de comunicación del Estado Chileno con el Pueblo Mapuche (el que está en una lucha “activada”) y viceversa no es algo reciente. La implementación de una nueva forma de comunicación política, por medio de la huelga de hambre (sin desconocer que la violencia siga sucediendo en los caminos, los campos e incluso en la ciudad) toma desprevenido a un gobierno preparado y acostumbrado a la pugna en la forma tradicional que ya se estaba dando, esto tanto a nivel logístico-militar, como a nivel normativo. Y es éste punto, el normativo justamente, el que se ataca desde las trincheras del cuerpo. Es imposible no pensar en las ideas de la bio-política y la relegación de la preservación de la vida a un segundo plano y posicionar la verdad  y la justicia como el campo ético y moral donde se libra ésta centenaria (también) disputa entre el –recientemente cumpleañero- Estado Chileno y el pueblo mapuche.

Qué postura es la legítima o establecer antecedentes y consecuencias de éste episodio del conflicto no es la finalidad de la presente. Si no evidenciar que otra vez, y en la conmemoración de los 200 años de Chile, los Problemas están lejos de desaparecer, esos Problemas con “p” mayúscula que marcan indeleblemente el cariz de nuestra esencia.

La indecisión, la moderación, el reformismo salvaje y su puesta en práctica por medio del incrementalismo, han sido en los recientes decenios, la receta de los gobiernos estables, de las re-elecciones, de los consensos. Eso sumado a una población que se conmueve con facilidad, pero que no se preocupa y muchos menos, ocupa; ha dado pie a consignas de alta valoración popular: “salir adelante”, “heroísmo”, “diálogo” y claro, “tiempos difíciles” por nombrar algunos relacionados con los casos emblemáticos de éste año. Todos ellos conceptos trascendentes, recluidos hoy en el limbo de las circunstancias. Estos conceptos esconden la razón de nuestra centenaria deuda con lo que somos; una fungibilidad, un inmediatismo “inmovilizante”. El gato pardo agazapado, que cambia todo para no cambiar nada.

Me atrevo a decir que “lo chileno” está marcado por esa sensación de déjà vu, que las circunstancias que han caracterizado el bicentenario podrían proyectarse a un tricentenario de forma distinta pero con componentes basales de llamativa familiaridad, tal cual como nos sucede ahora; y es que puede que la historia, realmente, se lleve en el ADN.

Originalmente en http://ballotage.cl/2010/10/bis-centenario/

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A propósito de “Cuesta la encuesta” de Monserrat Nicolas.

Justo estoy leyendo un artículo de Carolina Aguilera y Claudio Fuentes en los que señalan algo muy importante, desde mi punto de vista: “gobernar por las encuestas” le resta a la sociedad en su conjunto de la fase de deliberación, exposición de argumentaciones y contra-argumentaciones, necesarias para dar sentido al proceso democrático. La importancia que tiene la encuesta hoy está determinada, en gran medida, por el debilitamiento de los canales de intermediación con el gobierno, las jefaturas, el centro decisional, el poder o como quiera llamársele. Esto, obviamente, porque los partidos no representan a la ciudadanía (menos mal), las asociaciones gremiales son clientelistas y los sindicatos… ¿qué sindicatos? ¿la cut?. Por ende, se establecen éstos canales para tener cercanía con la “opinión pública”, y por lo que comentas, de turbias maneras.

Además, si fuera real ésta deliberación por medio de las encuestas, y como dicen en su artículo, Aguilera y Fuentes, Chile ya debería tener una ley de divorcio desde el año 90, una ley de aborto, los colegios municipales serían administrados por el ministerio de educación y la propiedad de las empresas estratégicas (agua, teléfono, etc.) sería estatal. Hay que tener cuidado con la famosa frase de la cual se jactan éstos centros de estudios, la famosa “fotografía del momento”; pues puede que tal fotografía sea una en la que salgamos todos muy feos: sin poder de crítica, sin generación de opinión pública desde las bases y carentes de poder, a final de cuentas. Las mismas encuestas que respondemos los ciudadanos son las que finalmente determinan la propia voluntad popular, haciéndonos parte de un círculo vicioso de des-democratización.

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cero.

Llamo “0″ a la introducción al trabajo que estoy haciendo sobre la teoría del gasto improductivo en George Bataille; lo expongo acá, como un adelanto. Espero sea de vuestro agrado.

La pasión de todos los hombres está encaminada hacia el mismo fin, escapar del sufrimiento fundamental; la individualidad discontinua. Este camino está orientado al camino en el sentido de continuidad que entrega la proximidad a la muerte, al erotismo; en definitiva la cercanía nostálgica  a la idea de continuidad que funda nuestra existencia discontinua. Esto no implica la llegada a-la-muerte, si no, cooptar los espacios de discontinuidad, incorporar toda la continuidad que sea posible tanto en  las interrelaciones humanas (inherentemente discontinuas), como también en la búsqueda de la “experiencia interior” de continuidad. Esto es posible por medio del erotismo, la cercanía a esta idea primigenia de origen continuo o por medio del gasto improductivo, el sacrificio inútil, la destrucción suntuaria; en definitiva, el ritual de consumation[1] de “cosas” que son lo más discontinuo en el horizonte, por no poseer siquiera en algún punto conciencia o nostalgia de continuidad.

Así, surge ante nosotros la idea de gasto improductivo como una alternativa a la de la acumulación capitalista, como un cuestionamiento a la brutalidad de dicha acumulación, al sin sentido del paradigma de la “utilidad” de los bienes; en definitiva, como otro camino.


[1] Éste es el término que utiliza G. Bataille para referirse al consumo asociado al sustantivo “consumo” y al verbo “consumir”, con el gasto que no presenta contrapartida; para de ésta forma evidenciar su carácter improductivo. Además se utiliza como diferenciación del concepto “consumo” asociado al carácter económico. (de acuerdo a la N. de la T. de Julián Manuel Fava y Lucía Ana Belloro en “La parte Maldita” de G. Bataille). (Bataille, 2007)

 

¿qué les parece?, ¿está bien?, ¿tiene onda? ¿se entiende? o ¿realmente es una porquería?

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foxley

está más decrépito.

Venía de hacer algunos trámites[1] hacia mi casa, doblo por San Pascual y pasadito el “Matisse” me encuentro frente a frente con Alejando Foxley[2]. Yo venía con lentes oscuros mas esto no le importó y clavó su mirada a través de ellos en mis ojos. Yo en primera instancia me sentí acosado, luego me di cuenta de que algo buscaba. Nos miramos fijamente, hasta que nos sobrepasamos en nuestros sentidos contrarios. Caminé y sonreí ya pensando en éstas líneas. Pero no había terminado; para darle un final cinematográfico a mi cuento pensé cuan divertido sería voltear y encontrarme con la sorpresa de que el Ministro seguía mirándome haciendo un esfuerzo inhumano para su apesadumbrado cuerpo a éstas alturas de su vida. Así que arriesgué mi escena y, por qué no decirlo, mi masculinidad. Volteé y ahí estaba, justo caminando hacia Apoquindo, pero con la cara hacia Del Inca, sobre mis lentes nuevamente.

Hay dos cosas que pasan por mi cabeza ahora: primero, (y va todo junto) le quedé gustando o le debo plata[3] o segundo, vio en mi juventud y en el reflejo de mis lentes su arruinada figura y cuestionó su existencia y el tiempo que había perdido no perdiéndose en el reflejo de los lentes de algún desconocido.

Ps. Nunca se me pasó por la cabeza que podría “conocerme de algún lado”.

 


[1] Dejar mi celular en el servicio técnico, pedir un sistema de claves para hacer compras por internet.

[2] Puta, no el cuico declarado de la tele.

[3] Maricón ambicioso.

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Áa

Twitié

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