No es que quiera parecer trágico ni dar lástima, pero es inevitable, o tal vez desertor, volver a escribir para todos cuando no se le puede decir a un alguien en particular.
Son dos días ya de aburrimiento, son dos días ya de cuestionamientos al hecho de estar acá, de la inamovilidad más que nada, en Santiago (cosa que creía superada), y no sólo por la distancia si no por el objetivo, la razón de ser de estar acá. Lo inteligente ahora me parece sumamente aburrido; el proyecto de intelectualidad juvenil me parece agotado; me di cuenta de esto cuando dejé de estudiar porque creía que era “importante” y me vi haciéndolo por inercia. Hoy, no es la inercia ni el deber. Así se deja la teoría y se retoma la novela y la poesía… ¡todo bien, dirán!, al carajo.
Una vez, el segundo año que estaba en Santiago, empecé a leer “Mujeres” de C. Bukowski, bebí más de lo útil para ambientar y menos de lo necesario para morir y no dormí hasta que lo terminé. Al otro día desperté sobre el sillón sin saber ni mierda de qué había pasado, ni menos de qué se trataba el libro. No es que me haya vuelto a pasar, pero es que no quiero sentir, como siento ahora, “dentro”, ese miedo de despertar con el “Proyecto de obras completas” de Lira en el rostro, no reconocer mi pieza.
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